Objetivo del blog: Reír o llorar. Remover sentimientos y pararnos un segundo a pensar en las cosas de la vida. Blog de pensamientos cotidianos. De lo que todos pensamos y solo algunos nos atrevemos a escribir. Un blog que me va a ayudar a dejar de pensar tanto de más.
jueves, 29 de enero de 2015
Las cosas que más me gustan del mundo
1. El verano.
2. Comer en un restaurante con aire acondicionado en verano y llevar chanclas. Notar los rayos del Sol en los dedos de los pies al salir.
3. Darme un baño revitalizante en las rocas de Jávea.
4. Tomarme una Guinness (preferiblemente en Dublín) y fumarme un Fortuna Light (ya lo dejé).
5. Un English té con una nube de leche.
6. Meterme en la cama con calcetines y una vez dentro, quitarme uno de ellos.
7. Cuando empieza hacer buen tiempo y puedes empezar a tomar el aperitivo en terrracitas.
8. El olor del champú que utilizo.
9. El queso con membrillo.
10. La morcilla. Soy incapaz de decidir si me gusta más la de Burgos o León.
11. Un sandwich de nocilla en la sandwichera.
12. Una chimenea y un juego de mesa en familia.
13. Cocinar.
14. Una copa de vino tinto (cada día más)
15. Retozar en la cama los fines de semana.
miércoles, 21 de enero de 2015
Desmitificando que es gerundio
Me quedan cinco meses para casarme. Cinco meses pasan volando. Cinco meses son 142 días.
Pensaba que organizar una boda iba a ser mucho más agobiante y estresante de lo que ha sido o está siendo hasta ahora y para nada. Pensaba que iba a obsesionarme.
Que iba a ser monotemática. Que iba a dar mucho la chapa a mis amigas. Y nada de eso. Se habla dela boda, evidentemente. Al fin y al cabo va a ser un día super especial en nuestras vidas pero me gustaría desmitificar ciertas cosas que no pasan.
Nada más saber que te casas y una vez reservada la fecha y el sitio. Empiezas a pensar en todas las gilipolleces secundarias que quieres poner en tu boda y que te parecen un MUST (los regalitos, el candy bar, las bailarinas, las pashnimas, los abanicos, los paispais, el photocool, el sitting plan, los meseros...). Esa idea arraigada cambia cuando empiezas a hacer cuentas. Por fin, coges al toro por los cuernos y empiezas a utilizar la cabeza y a PRIORIZAR.
1. Tu madre no llora cuando te pruebas vestidos. Tu hermana tampoco. Al revés, todo el mundo quiere que elijas el vestido más favorecedor y para eso se necesita ser crítica. A mi esto es lo que más me ha divertido. Yo era super crítica conmigo misma y nos partíamos de la risa criticando algunos de los modelitos que me he probado (con una parecía un bebe de bautizo pero en mayor. Con otro una niña gorda de comunión. Con otro Norma Duval...) Lo que sí me parece cierto es que cuando te pruebas el vestido que será el elegido, en seguida lo sabes. O bien porque te sienta como un guante o porque es precioso y además comodísimo. Porque no te sientes disfrazada. Porque te sientes realmente tú.
2. No he discutido con mi novio. Él ha participado y decidido igual que yo pero ha optado por la postura más inteligente que puede tener un novio en estos casos: Dejar que la novia lleve la voz cantante. Ponerla los píes en el suelo cuando vea que se le va la olla con la decoración,los regalitos, el candy bar, las bailarinas, las pashnimas, los abanicos, los paispais, el photocool, el sitting plan, los meseros...Y es fundamental querer el mismo tipo de celebración.
3. No todo son +1000€ como me decía la gente que conozco ya casada. Hay cosas más caras y cosas más asequibles. También he de decir que las cosas más asequibles no significan que sean cutres ni peores. Muchas veces no hace falta gastarse tanto para conseguir algo realmente bonito.
4. La lista de invitados. Al principio quieres invitar a todo el mundo. Te da apuro no invitar. Te da "nosequé" no invitar a esa amiga de tu amiga a la que ves una vez cada tres años. Quieres invitar a los amigos de tus hermanos con los que vas a la playa el primer fin de de Agosto. Hasta que, por fin, te sientas y vuelves a utilizar la cabeza y piensas en la putada que puedes hacer a mucha gente con la invitación a tu boda y más si es fuera de Madrid. Debes pensar: ¿Qué pasaría si Menganito te invitara a su boda y no fuera?? O al revés. ¿¿Te importaría mucho que Fulanito no estuviera en tu gran día?? También tiene que ver con un asunto logístico. En algún momento hay que poner el corte si no quieres que tu enlace se convierta en la boda de Lolita y el famoso "Si me queréis, irse".
5. No hemos hecho un Excel. Ni lo hemos echado de menos. Solo para la lista de invitados.
6. No tengo una lista de proveedores. Ni la hemos echado de menos.
7. No hemos decidido entre 4828 invitaciones para elegir la nuestra. Nos bastaron diez minutos para saber la que queríamos.
8. Delego completamente en mi hermana y mis cuñadas para que elijan ellas los trajecitos de mis pajes. No por no enmarronarme más, si no porque de verdad confío mucho en su gusto y sé que lo que elijan va a ser precioso y van a estar todos guapísimos. No es necesario ser el perejil de todas las salsas, ¿no?
9. No me he puesto aparato para el día B. Ni me he hecho un blanqueamiento dental. Ni voy a cambiarme el pelo. Ni hacerme la manipedi en el centro más caro de Madrid. Ni me voy a comprar las bragas de ese día en La Perla. No digo que esté mal hecho, si no que a mi me parece que no es necesario. Aunque sea una vez en la vida. Mi novio lleva viéndome en bragas 2 años. Y seamos sinceros, ¡¡¡¡¡no se va a fijar!!!!!!
10. Lo más importante y lo que más me jode: NO HE ADELGAZADO. ¿¿No se supone que las novias adelgazan un montón?? ¿Dónde están esos 10kg que se suponen que casi todas pierden? Me quedan cinco meses. Cinco meses para quedarme como un Ángel de Victoria Secret y lucir palmito en la Honey Moon.
Cada un organiza su boda como quiere. Cada uno decide lo que quiere gastarse y le da la importancia a lo que realmente le apetece. Yo lo tengo clarísimo. He encontrado a la mejor persona de este mundo. Le quiero con todas mis fuerzas y estoy deseando que llegue el día porque se que nos lo vamos a pasar todos como auténticos enanos. Y por fin nos convertiremos en marido y mujer.
martes, 13 de enero de 2015
LAS MODAS
El primer recuerdo que tengo de querer algo de ropa es muy lejano. Contaría 6 primaveras y era verano. Me antoje de un vestido de esos horribles que llevaban las niñas extranjeras en las playas españolas en verano. Verde fosforito o rosa fosforito y negro. Con volantes. El cuerpo ajustado y con una tela como arrugada. Mi madre se negaba en rotundo. No, no y no. Y yo lloraba desconsolada:
Yo: -Quiero un vestido de volanteessssssssss!!!!!!!!! Quiero un vestido de volantesssss!!!
Mamá: (diciéndole en bajito a mi padre mientras él decía que me lo comprara para que me callase).
-Qué no, Ángel, que no, que parecen putas en pequeño!!
Y me quedé sin vestido. No lo conseguí en todo el verano. Creo que mi lucha duró alrededor de dos años luego, gracias a Dios, se me pasó. Aún me acuerdo del vestido y ahora agradezco a mi madre no habérmelo comprado. ¡Qué horroroso!.
La siguiente vez que quise algo con todas mis fuerzas fue ya en la preadolescencia. Era invierno y tendría 12 años. Quería con todas mis fuerzas unos pantalones pitillo. Por aquella época era un palo de niña. Extremadamente delgada. Todo me quedaba grande y me bailaba. Todas mis amigas tenían sus pantalones ajustados que se habían comprado sin ningún tipo de problema en El Corte Inglés o en Galerías Preciados pero a mi todos esos me quedaban grandes. Después de dar mucho la lata, por fin, dimos con una tienda de heavys. Allí había toda clase de vaqueros elásticos. De todas las tallas y colores. Entonces no era tan habitual utilizar el elástico para jeans. Allí fui feliz. Con lo delgada que estaba por fin tenía algo que !!me costaba meterme!! ¡Tenía que hacer fuerza para que entraran por las alambres que tenía por piernas! Lo conseguí. Tenía pantalones pitillo. Ya era una más del grupo.
En esa época se llevaba pertenecer a un grupo. Ser algo (supongo que como ahora los chavales jóvenes pero a mi ya eso me suena a antiguo). Nosotras eramos bakalas: Pantalón pitillo, camiseta ajustada, zapatillas Air Max, pelo rapado por detrás, camisetas Power Peralta. Cadenita para colgar las llaves. Ray Ban Balorama. Enduro (nunca tuve, uff), Salomón (nunca tuve, uff), cazadoras vaqueras de borrego. M a d r e d e D i o s.
Unos años más tarde. O quizá no pasó tanto tiempo. Antes se cambiaba de forma de vestir y de ideología en un pispás y no pasaba nada. Me hice grounge. La culpa la tuvo un noviete que tuve en el cole. Él era grounge, llevaba el pelo largo, tocaba la guitarra y yo también quise. Entonces me antojé de unos pantalones anchos de cuadros. Y de ponerme colgantes con la hoja de Mariguana. Sin haberla fumado nunca. Sin saber apenas lo que era. Pero daba igual. Yo era la más molona de todas porque era grounge.
A medida que fueron pasando los años, me refiné. Cada vez me decantaba por un estilo más "pijito". Camisas Ralph Lauren. Polos Lacoste. Camisa + polo con los dos cuellos subidos. Náuticos (esos me siguen gustando a día de hoy). Jersey de pico. Barbour. Podemos decir que era un pija de la época. Frecuentaba Bagatelle y Elite. También Pacha y But. Era un pija-bakala. Tócate los cojones Mariloli.
Luego fui a la Universidad. Al CEU para ser más exactos. Allí había una mezcla muy chula. Allí la gente era pija de verdad. Pijazos. De haberlo mamao. Y también había gente moderna o que querían ir de. Precursores de los actuales hypster. Allí yo empecé pijita y di un giro a FASHION. Porque en mi época también hubo una racha dónde se podía ser FASHION.
Los Fashion se pegaban unos fiestones por la noche de aupa. Escuchábamos house, techno, cantaditas y nos gustaba más un mañaneo que a un tonto una tiza. Las chicas llevábamos el pelo cortado a capas. Las de arriba muy cortas. Tan cortas que lo molón era ponértelo de punta. El flequillo cortado de lado. Estilo País Vasco. La tienda más frecuentada era Bershka. Lentejuelas por doquier. Brillos. Gafas de sol bien grandes y de diseñador de renombre: Dolce&Gabanna. Dior. Valentino.
Si eras fashion y ya curraban de camarera eras una especie de ídolo de masas. Una "lista" para mis padres. Una pardilla para mis hermanos mayores. También pasó esa época. Menos mal.
Al terminar la Universidad y empezar en el maravilloso mundo laboral las cosas se tranquilizan. Empiezas a tener un estilo personal propio y empiezas a aprender que es lo que te sienta bien de verdad. A ser objetiva. A ver las cosas que son una horterada como tal, etc, etc, etc.
Ahora empiezo a entender a mi madre cuando me decía: -¡Es mejor comprarse solo una cosita pero buena!
!Benditos treinta y bendito sentamiento de cabeza!
lunes, 5 de enero de 2015
EL TRABAJO
Considero que hay dos tipos de trabajo:
- El trabajo que te gusta. El trabajo con el que realmente te sientes realizado. El trabajo que te permite tener un crecimiento profesional brutal y además te enriquece como persona. El trabajo que además de apasionarte está bien o muy bien remunerado. El trabajo que te permite tener una ambición laboral sana. El trabajo que te hace feliz.
- El trabajo que no te gusta nada pero por el que te pagan a fin de mes. El trabajo que necesitas para vivir.
Si eres de los que pertenecen al grupo uno, enhorabuena. Eres una de las pocas personas que conozco tan afortunada. Y te envidio. Te envidio muchísimo.
Al acabar la universidad pensaba que esto iba existir. Luchaba y me daba un miedo atroz ser mediocre y conformarme con cualquier tipo de trabajo. Hasta que entré en el maravillo mundo laboral. Y quise ser mujer florero. Y según van pasando los años quiero serlo mucho más.
Para mi un trabajo soñado sería ser actriz o cantante. Y también deben tener su parte mala, monótona. Por no entrar en la cantidad de hijos de puta que deben tener a su alrededor. Pero ese trabajo tiene que ser la repera: Interpretar. Qué bonito! Qué divertido! Bailar, cantar! Tan creativo.
El resto de trabajos para mi son, en mayor o menor medida, un coñazo.
Si, por el contrario, perteneces al grupo dos, te diré una cosa: Deja de amargarte la vida pensando la mierda de curro que tienes. Bienvenido al club de la mayoría de los mortales. Ahora céntrate en las cosas buenas que tiene ir cada día de 9 a 18.30 a tu oficina. Los requisitos fundamentales deberían ser (lo son para mi):
- Que te paguen a fin de mes. Mejor si es una buena cantidad pero no suele ser el caso.
- Buen ambiente y colegueo con algunos de tus compis. Y solo con algunos. Es IMPOSIBLE llevarse bien con todos. Lo habitual es no soportar a alguno en concreto.
- Buen horario. Daría uno de los diez dedos de mis manos si me pusieran una jornada intensiva, pero como de momento es imposible, no puedo quejarme demasiado.
- Flexibilidad en días tontos (un 24 de Diciembre, un 5 de Enero).
- Flexibilidad para asuntos personales (ir al médico, asuntillos personales...).
- No tardar mucho desde casa al trabajo y viceversa. Esto da muuuuucha calidad de vida.
Ojo! Que quisiera no trabajar en mi vida no significa que no esté agradecida por tener mi empleo. Al revés, soy super afortunada pero no lo neguemos, a veces es complicado ser tremendamente feliz en tu día a día. Creo que lo principal que debe hacer cada ser humano es asumir lo que tiene. Y salvo que quiera dar un cambio de verdad en su vida. Intentar hacer balance y pensar las cosas positivas de cada curro. Siempre las hay aunque, a veces, nos cueste verlas.
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