martes, 13 de enero de 2015

LAS MODAS

El primer recuerdo que tengo de querer algo de ropa es muy lejano. Contaría 6 primaveras y era verano. Me antoje de un vestido de esos horribles que llevaban las niñas extranjeras en las playas españolas en verano. Verde fosforito o rosa fosforito y negro. Con volantes.  El cuerpo ajustado y con una tela como arrugada. Mi madre se negaba en rotundo. No, no y no. Y yo lloraba desconsolada:  

Yo: -Quiero un vestido de volanteessssssssss!!!!!!!!! Quiero un vestido de volantesssss!!!
Mamá: (diciéndole en bajito a mi padre mientras él decía que me lo comprara para que me callase).
 -Qué no, Ángel, que no, que parecen putas en pequeño!!

Y me quedé sin vestido. No lo conseguí en todo el verano. Creo que mi lucha duró alrededor de dos años luego, gracias a Dios, se me pasó. Aún me acuerdo del vestido y ahora agradezco a mi madre no habérmelo comprado. ¡Qué horroroso!.

La siguiente vez que quise algo con todas mis fuerzas fue ya en la preadolescencia. Era invierno y tendría 12 años. Quería con todas mis fuerzas unos pantalones pitillo. Por aquella época era un palo de niña. Extremadamente delgada. Todo me quedaba grande y me bailaba. Todas mis amigas tenían sus pantalones ajustados que se habían comprado sin ningún tipo de problema en El Corte Inglés o en Galerías Preciados pero a mi todos esos me quedaban grandes. Después de dar mucho la lata, por fin, dimos con una tienda de heavys. Allí había toda clase de vaqueros elásticos. De todas las tallas y colores. Entonces no era tan habitual utilizar el elástico para jeans. Allí fui feliz. Con lo delgada que estaba por fin tenía algo que !!me costaba meterme!! ¡Tenía que hacer fuerza para que entraran por las alambres que tenía por piernas! Lo conseguí. Tenía pantalones pitillo. Ya era una más del grupo.
 En esa época se llevaba pertenecer a un grupo. Ser algo (supongo que como ahora los chavales jóvenes pero a mi ya eso me suena a antiguo). Nosotras eramos bakalas: Pantalón pitillo, camiseta ajustada, zapatillas Air Max, pelo rapado por detrás, camisetas Power Peralta. Cadenita para colgar las llaves. Ray Ban Balorama. Enduro (nunca tuve, uff), Salomón (nunca tuve, uff), cazadoras vaqueras de borrego. M a d r e d e D i o s. 

Unos años más tarde. O quizá no pasó tanto tiempo. Antes se cambiaba de forma de vestir y de ideología en un pispás y no pasaba nada.  Me hice grounge. La culpa la tuvo un noviete que tuve en el cole. Él era grounge, llevaba el pelo largo, tocaba la guitarra y yo también quise. Entonces me antojé de unos pantalones anchos de cuadros. Y de ponerme colgantes con la hoja de Mariguana. Sin haberla fumado nunca. Sin saber apenas lo que era. Pero daba igual. Yo era la más molona de todas porque era grounge.

A medida que fueron pasando los años, me refiné. Cada vez me decantaba por un estilo más "pijito". Camisas Ralph Lauren. Polos Lacoste. Camisa + polo con los dos cuellos subidos. Náuticos (esos me siguen gustando a día de hoy). Jersey de pico. Barbour. Podemos decir que era un pija de la época. Frecuentaba Bagatelle y Elite. También Pacha y But. Era un pija-bakala. Tócate los cojones Mariloli.

Luego fui a la Universidad. Al CEU para ser más exactos.  Allí había una mezcla muy chula. Allí la gente era pija de verdad. Pijazos. De haberlo mamao. Y también había gente moderna o que querían ir de. Precursores de los actuales hypster. Allí yo empecé pijita y di un giro a FASHION. Porque en mi época también hubo una racha dónde se podía ser FASHION. 

Los Fashion se pegaban unos fiestones por la noche de aupa. Escuchábamos house, techno, cantaditas y nos gustaba más un mañaneo que a un tonto una tiza. Las chicas llevábamos el pelo cortado a capas. Las de arriba muy cortas. Tan cortas que lo molón era ponértelo de punta. El flequillo cortado de lado. Estilo País Vasco. La tienda más frecuentada era Bershka. Lentejuelas por doquier. Brillos. Gafas de sol bien grandes y de diseñador de renombre: Dolce&Gabanna. Dior. Valentino.
Si eras fashion y ya curraban de camarera eras una especie de ídolo de masas. Una "lista" para mis padres. Una pardilla para mis hermanos mayores. También pasó esa época. Menos mal.

Al terminar la Universidad y empezar en el maravilloso mundo laboral las cosas se tranquilizan. Empiezas a tener un estilo personal propio y empiezas a aprender que es lo que te sienta bien de verdad. A ser objetiva. A ver las cosas que son una horterada como tal, etc, etc, etc.

Ahora empiezo a entender a mi madre cuando me decía: -¡Es mejor comprarse solo una cosita pero buena!

!Benditos treinta y bendito sentamiento de cabeza!

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